Partisanas, combatientes y civiles, mujeres en la Segunda Guerra Mundial

Esta es mi pequeña aportación a la reivindicación del papel de las “mujeres” 1 en la historia. Lo haré a través de libros que he leído y que cuentan historias que creo que merece la pena conocer. Me da la sensación, tal vez equivocada, de que esta reivindicación, esta “herstory” se queda, a menudo, en sacar a la luz a mujeres extraordinarias que, de forma individual, hicieron cosas extraordinarias, y siendo esto imprescindible, me parece que sigue invisibilizando la aportación de mujeres comunes que hicieron cosas comunes. Estas cosas comunes se quedan en el terreno de lo familiar, lo reproductivo, lo emocional, lo cotidiano, lo no heroico y se siguen sin valorar. Además, considero necesario reivindicar a nuestras perdedoras, a las que nunca pudieron superar sus opresiones. A las que tal vez no llegaron a hacer cosas extraordinarias, a las que incluso lo común se les hizo difícil o imposible. Porque siguen siendo de las nuestras, porque no las podemos olvidar ni dejar atrás, porque su sufrimiento revela el mundo que vivieron y podemos aprender de sus experiencias y de sus derrotas. Pero eso lo dejo para otro día. En realidad, esto es una pequeña digresión, porque las mujeres de las que voy a hablar hicieron cosas bastante extraordinarias.

En esta ocasión lo que pretendo rescatar es el papel de las mujeres en Europa durante la década de 1930. Quiero poner el foco en su participación dentro del ejército soviético, dentro de la resistencia en todo Europa y como civiles dentro de la guerra. Y lo voy a hacer a través de tres libros: La guerra no tiene rostro de mujer, Partisanas y Una mujer en Berlín. En realidad este texto no es más que una invitación a leer esos tres libros. Lo que me interesa no es tanto la recuperación de determinadas figuras individuales, aunque se mencione en los libros a mujeres concretas con nombre y apellido, como la reivindicación colectiva de las mujeres que vivieron en Europa en esa época, que lucharon contra el fascismo o simplemente intentaron sobrevivir y que luego fueron olvidadas e ignoradas. Mi intención es además mostrar cómo en ciertos momentos de la historia, las mujeres hemos empuñado las armas y utilizado la violencia, lo que ataca directamente el mandato patriarcal del cuidado y la vulnerabilidad.

La guerra no tiene rostro de mujer recopila las memorias de mujeres que lucharon en el ejército soviético contra los nazis. Cuenta cómo realizaron todo tipo de labores, sanitarias, logísticas, de combate, de ingeniería y de enlace. Además, describe las labores sanitarias con detalle; en el campo de batalla, vendando, rescatando y transportando heridos en primera línea y arriesgando su propia vida.

El libro rompe esa visión romantizada y heroica de la guerra, no habla de generales ni de batallas, sino de hambre, de frío, de piojos en la ropa, de cansancio y falta de sueño, de la menstruación en esas condiciones.

También narra cómo adolescentes sin ninguna formación se enfrentaron a la disciplina del ejército, con esa frescura tan fuera de lugar en un campamento militar. Ni ellas encajaban, ni el ejército estaba pensado para ellas. En ocasiones las botas que les dieron eran tan grandes que no podían ni caminar con ellas. Asimismo, se encontraron con las actitudes de los soldados, que iban desde las bromas más o menos benevolentes, hasta los insultos, pasando por el paternalismo y la condescendencia. Todo esto provocó que sintieran que tenían que esforzarse más que el resto. Esto se repite también en Partisanas y, a día de hoy, yo no puedo evitar recordarlo cuando escucho contar a amigas mías sus experiencias en la universidad, por ejemplo. Por último, también se tuvieron que enfrentar al estigma una vez terminada la guerra. En muchos casos, se las acusó de ir al frente para acostarse con los soldados. Algunas incluso tuvieron problemas después para casarse o encontrar trabajo. Aunque también se encontraron con el compañerismo y con hombres que las respetaron, admiraron y reconocieron su aportación mediante medallas y distinciones militares. La mala imagen que tenían las mujeres que habían luchado en el frente hizo que muchas no hablaran de esta experiencia y su participación cayó en el olvido, un olvido, por supuesto propiciado por la falta de reconocimiento de sus compañeros y la falta de interés de los historiadores. Hasta que Alexiévich, la autora, las rescata muchos años después. Sin embargo hay un borrado añadido de la historia. La única de ellas que reconoce la violencia sexual que vivió por sus propios compañeros, tiene que renunciar a su lugar en la historia, pide que la autora no incluya su apellido. Porque la vergüenza sigue siendo nuestra, a pesar de todo. No hay que olvidar, que otro testimonio de esta violencia sexual, en este caso sobre el enemigo, el que cuenta Una mujer en Berlín, también es compartido desde el anonimato.

Una mujer en Berlín no fue bien recibido en Alemania en su primera publicación. Se ignoró el texto o se acusó de inmoralidad a la autora, quien nunca quiso desvelar su identidad ni que reeditaran el texto en este país mientras ella estuviera viva. Pareciera que, a finales de los 50, contar como las mujeres berlinesas fueron violadas de forma masiva por los soldados rusos era una ofensa contra el honor alemán. Sin embargo ellas, entre el pragmatismo y el deseo de supervivencia, comentan más de una vez: “Más vale un ruso en la barriga que un americano en la cabeza” (haciendo referencia a las violaciones del ejército soviético y los bombardeos del americano) y este humor negro se repite a lo largo de toda la obra. Un sentido del humor que no es más que una estrategia ante el horror, y que no es entendido ni compartido por los hombres, que además de ser incapaces de ayudarlas o de protegerlas ante las violaciones, las culpabilizan o desprecian por la forma que tienen de intentar superarlas. Aparte del humor, otra estrategia es el hablar entre ellas de estas violaciones, a pesar del uso de eufemismos como “la barriga”, ellas hablan de sus experiencias sacándolas del espacio del silencio y la vergüenza.

Después de leer este libro y otros testimonios sobre las violaciones sistemáticas que cometieron los soldados del ejército soviético, no sólo contra alemanas, sino contra todas las mujeres que se encontraron a su paso, polacas, checas, supervivientes del holocausto, etc, es difícil conciliar la imagen de los soldados rusos que muestran estos relatos con la imagen, por ejemplo, de la Tregua. A mí personalmente me surge la duda de si, en su periplo de vuelta a casa, Levi no vio esta violencia que fue tan masiva y descarada, o si no lo quiso contar por respeto a las víctimas o por pudor. En realidad, en La tregua sí se menciona esta violencia, pero casi de forma anecdótica y dirigida sólo contra mujeres alemanas, y la imagen general que da de los soldados rusos no encaja con la que se obtiene de los textos de las mujeres que se cruzaron con ellos y se atrevieron a relatar su experiencia. 2

Pero no es esto todo lo que cuenta Una mujer en Berlín, si el libro fue rescatado en los 70 por el movimiento feminista, aparte de por todo lo anterior, fue por su poderosa visibilizacion de la actividad de las mujeres en una ciudad sitiada por la guerra. Las tareas reproductivas y de los cuidados dejan de ser comunes y se convierten en extraordinarias. El conseguir agua, comida o un espacio seguro donde vivir reclama toda la capacidad, valentía e ingenio de las mujeres, que se sorprenden a sí mismas al salir airosas de situaciones que ni siquiera habían imaginado llegar a vivir. Y todo esto se realiza gracias a las redes de apoyo entre ellas, redes precarias, que sirven al único propósito de garantizar la supervivencia y que no deben ser idealizadas pero tampoco ignoradas.

Partisanas es un recorrido a lo largo de toda Europa por los grupos de resistencia organizados al margen de los ejércitos nacionales. Strobl describe extensamente su lucha, las dificultades con las que se encontraron, los éxitos que cosecharon y denuncia un triple estigma que provocó la invisibilidad o el blanqueo, podríamos decir, del carácter de estos grupos. Muchas de las personas que compusieron estas organizaciones eran comunistas, judías y/o mujeres 3 . Finalizada la Segunda Guerra Mundial, la guerra fría, el patriarcado y el antisemitismo consiguieron desvirtuar la verdadera naturaleza y composición de estos grupos y en la cultura popular, incluso en la historiografía la resistencia se imaginó formada por hombres pertenecientes a organizaciones nacionales afines a los aliados. La pregunta de cómo el pueblo judío podía haber acudido a los campos de concentración como “ovejas al matadero” se convirtió en un mantra incuestionable. Por otro lado, nadie parece preguntarse cómo en toda Europa la gente permitió que se llevaran a sus vecinas judías y les quitaran todas sus propiedades y se limitó a mirar para otro lado, cuando no a participar activamente y aprovecharse del saqueo. Sin embargo, Partisanas explica perfectamente la participación activa de muchas organizaciones judías, las dificultades que tuvieron para conseguir armas y cómo se enfrentaron como pudieron a un enemigo muchísimo más fuerte, mejor armado y totalmente despiadado. Y también explica la actitud de quienes, después de penalidades, hambre y miseria en el gueto, sin un lugar a donde huir, sin apoyos externos y sin ninguna esperanza, acudieron a los campos de concentración para acabar cuanto antes con el sufrimiento o ante el desconocimiento de lo que les esperaba realmente.

En toda la Europa ocupada, las mujeres tenían más facilidad para moverse por la calle, es por esto que fueron ellas las que realizaron las tareas de comunicación entre grupos, de vigilancia de nazis y de consecución de armas y municiones. Por supuesto, además, participaron en el asesinato de oficiales nazis, en el descarrilamiento de trenes del ejército alemán y en el levantamiento armado en los guetos. Pero intentaron que la violencia no les convirtiera en el mismo monstruo contra el que luchaban.

No siempre contaron con el reconocimiento y el apoyo del resto de la población. Por un lado, los nazis ejercían una tremenda represión y respondían a cada acto de la resistencia con más violencia. Por otro lado, en lugares con un fuerte antisemitismo, como Polonia, las partisanas se enfrentaban al riesgo de ser denunciadas a los nazis por la población no judía cuando eran descubiertas. Las que arriesgaban su vida realizando labores de inteligencia, que incluían el trato con los oficiales nazis, fueron después tratadas como colaboracionistas por personas que no habían movido un dedo contra la ocupación. Además, cuando acabó la guerra, tuvieron que volver a sus ocupaciones anteriores sin ningún reconocimiento. Por todo eso, mi homenaje personal es leer sobre sus vidas para que no caigan en el olvido. Para conocer sus historias y volverlas a contar, para que se amplíen nuestras referentes y nuestro imaginario de lo que las mujeres somos capaces de hacer. Este texto es una invitación a leer historia con una perspectiva feminista, leer memorias de mujeres supervivientes, intentar conocer sus vidas, sus experiencias, a través de libros, películas, blogs, cualquier formato a nuestro alcance. Para que “sus nombres no se borren de la historia” 4

Notas

1 En este caso concreto mujeres cis. No puedo profundizar mucho en el tema, pero no quiero usar el término “mujeres” de forma acrítica y como si fuera un concepto natural y como si la “herstory” se redujera a la historia de las mujeres cis, porque entiendo que esto refuerza el binarismo y el esencialismo. 

2 En este artículo se narra la violencia sexual que recibieron supervivientes de los campos, que incluso llegaron a morir a manos de los rusos https://ctxt.es/es/20181114/Culturas/22903/Raquel-Kleimann–Auschwitz-relatoprimera- persona.htm 

3 Hay otros estigmas y olvidos en la historiografía y en el relato popular, pero este libro subraya estos tres. También menciona la aportación anarquista a la lucha antifascista en el estado español. 

4 “que mi nombre no se borre de la historia” fueron las últimas palabras de Julia Conesa Conesa, una de las conocidas como 13 rosas asesinadas el 5 de agosto de 1939

Bibliografía

  • Aleksievich, Svetlana. La guerra no tiene rostro de mujer. Debolsillo, 2017.
  •  Levi, Primo. La tregua. 20. ed, Einaudi, 2012. Strobl, Ingrid. 
  • Partisanas: la mujer en la resistencia armada contra el fascismo y la ocupación alemana (1936-1945). Virus, 2015. 
  • Una Mujer En Berlin: Anotaciones de Diario Escritas Entre El 20 de Abril y El 22 de Junio de 1945. Anagrama, 2005

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7 Comentarios

  1. Que alguien por favor le de aire a este post y algo de formato. Merece la pena que se vista mejor este escrito. Gracias por compartir. Un saludo cordial.

  2. Muy interesante la historia, es importante visibilizar a todas esas figuras y colectivos que han tenido un papel relevante en la historia y han sido in-visibilizadas, que como bien dice en el articulo puede que no hicieran cosas «extraordinarias», pero aportaron su granito en común para luchar contra la barbarie, gracias por compartir y bienvenidas esas recomendaciones literarias,

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